

La limpieza cotidiana mantiene el orden, pero no elimina bacterias profundas, grasa incrustada ni residuos invisibles.
La limpieza profesional ataca puntos críticos: superficies de alto contacto, rincones ignorados y materiales que requieren productos y técnica especializada.
Resultado: espacios más sanos, durables y seguros.
No es exageración, es prevención.
